Rumbos reunió a Adriana Aristimuño, Gonzalo Baroni, Matías Brum y Javier Lasida para analizar los principales desafíos de la educación media uruguaya. Aprendizajes, gobernanza, formación docente, vínculo con el mundo del trabajo y autonomía de los centros estuvieron en el centro de un intercambio que combinó diagnóstico y posibles caminos de transformación.
Uruguay enfrenta problemas persistentes en su educación media: dificultades en los aprendizajes, bajos niveles de egreso, creciente ausentismo y una fuerte desconexión entre las trayectorias educativas y las expectativas de muchos jóvenes.
Esos fueron algunos de los puntos de partida del encuentro “Educación media, aprendizajes y trabajo: desafíos para un país más competitivo e inclusivo”, organizado por Rumbos como parte de su ciclo dedicado a analizar los principales desafíos de largo plazo del país.
La actividad reunió a Adriana Aristimuño, Gonzalo Baroni, Matías Brum y Javier Lasida, con la moderación de José Rilla, para abordar desde distintas perspectivas qué está ocurriendo en la educación media y cuáles son algunos de los cambios necesarios para mejorar sus resultados.
Aprendizajes: de la estabilidad al estancamiento
Adriana Aristimuño puso el foco en lo que definió como el principal problema del sistema educativo uruguayo: los aprendizajes.
“Muchos consideran que nosotros en aprendizajes estamos estables. Y yo voy a postular aquí que lo que estamos es estancados”, señaló.
A partir de datos de Aristas Media y PISA, mostró dificultades importantes tanto en lectura como en matemática. En PISA 2022, señaló, el 41% de los estudiantes de 15 años no alcanzó el nivel mínimo en lectura, mientras que en matemática la proporción se ubicó cerca del 60%.
Aristimuño destacó que Uruguay cuenta con evaluaciones, progresiones de aprendizaje y otras herramientas técnicas que permiten conocer con mayor precisión qué ocurre dentro del sistema. El desafío, planteó, pasa también por utilizar esa evidencia para orientar las decisiones.
Otro de los problemas señalados fue el ausentismo. Según los datos de PISA presentados durante el encuentro, el porcentaje de estudiantes que declaraba haber faltado al menos un día completo en las dos semanas anteriores a la prueba pasó de 12% en 2015 a 25% en 2018 y 46% en 2022.
A esto sumó la necesidad de fortalecer los centros educativos y construir una relación más estrecha con las familias.
Una gobernanza que dificulta las decisiones
Gonzalo Baroni concentró su intervención en la gobernanza del sistema educativo y en la formación docente.
“Hasta el día de hoy, ni siquiera los propios integrantes del sistema educativo pueden explicar a cabalidad cómo termina siendo a veces un diálogo de sordos o hasta de locos”, afirmó.
Baroni describió un sistema con múltiples niveles de decisión, responsabilidades poco claras y escasa capacidad de acción en los propios centros educativos. En particular, señaló que los equipos de dirección cuentan con márgenes limitados para resolver problemas cotidianos y adaptar las respuestas a las necesidades de sus comunidades.
La formación docente fue el otro eje de su exposición. Planteó la necesidad de discutir no solamente la institucionalidad de la formación, sino también su calidad, las competencias de quienes ingresan a la profesión y el acompañamiento que reciben los docentes durante su trayectoria.
En el intercambio posterior resumió tres condiciones que, a su juicio, son necesarias para impulsar cambios: sentido de urgencia, transparencia y valentía.
Cuando terminar secundaria pierde sentido
Desde la economía y el mercado de trabajo, Matías Brum puso el foco en las consecuencias que tiene abandonar tempranamente el sistema educativo y en los incentivos que enfrentan los propios jóvenes para continuar estudiando.
Brum planteó que una trayectoria educativa incompleta condiciona fuertemente las primeras experiencias laborales y aumenta las posibilidades de inserción precaria, informal o intermitente.
Al mismo tiempo, cuestionó qué ofrece hoy la educación media a quienes no proyectan continuar estudios terciarios. Al referirse a la percepción de los propios estudiantes sobre su utilidad, señaló que muchos consideran que lo aprendido “no sirvió para nada”.
Para Brum, el problema es que el sistema no logra responder adecuadamente ni a quienes continuarán hacia la universidad ni a quienes necesitan una vinculación más directa con el mundo del trabajo.
En ese sentido, planteó la necesidad de fortalecer la educación técnica, ampliar las experiencias de formación dual y revisar contenidos y estructuras que dificultan una mayor conexión entre educación y empleo.
Su advertencia sintetizó la urgencia que atribuye al problema: “Con el 50% de tasa de deserción no somos un país viable”.
Acercar la educación al mundo del trabajo
Javier Lasida profundizó en la distancia existente entre el sistema educativo y las expectativas laborales de los adolescentes.
“Hay dos tercios de estudiantes, más o menos, cuando uno mira los números, que entienden que no tiene sentido para ellos seguir en la educación media”, afirmó.
Entre los datos presentados, destacó que el 90% de los estudiantes de Secundaria consultados dijo no haber tenido ningún contacto con empresarios, productores, pymes u otros actores del mundo del trabajo. En Educación Técnica, señaló que el 80% tampoco había tenido contacto, o había tenido poco o ninguno.
Para Lasida, esa desconexión obliga a revisar la histórica separación entre la educación secundaria y la técnica. Una de las posibilidades que planteó fue avanzar hacia una educación media unificada, capaz de ofrecer diferentes trayectorias y alternativas dentro de una estructura menos fragmentada.
También destacó experiencias de formación dual y alternancia que combinan aprendizaje en los centros educativos y en ámbitos laborales.
A esto sumó otro elemento central: fortalecer la capacidad de decisión de los propios centros.
“La única solución para eso es escuelas fuertes”, sostuvo, y planteó la necesidad de centros con mayor autonomía y culturas institucionales sólidas.
Una oportunidad para transformar la educación media
Las distintas intervenciones mostraron enfoques y énfasis diferentes, pero dejaron planteados varios desafíos comunes: mejorar los aprendizajes, fortalecer los centros educativos, revisar la gobernanza, apoyar y formar mejor a los docentes, involucrar a las familias y construir una relación más estrecha entre educación y trabajo.
El descenso demográfico apareció además durante el intercambio como una oportunidad para repensar la utilización de los recursos del sistema educativo. Ante una menor cantidad de estudiantes, se planteó la posibilidad de fortalecer equipos, mejorar los acompañamientos y generar condiciones para una atención más personalizada.
La discusión también puso de manifiesto que Uruguay cuenta con diagnósticos, evidencia y experiencias sobre las cuales avanzar. El desafío está en transformar ese conocimiento en cambios capaces de sostenerse en el tiempo.
El encuentro forma parte del ciclo de actividades de Rumbos orientado a aportar evidencia y diferentes perspectivas al debate sobre los principales desafíos que enfrenta Uruguay.







