Cambiar de escala: una agenda para el crecimiento y desarrollo de Uruguay

Rumbos reunió a referentes del ámbito económico, empresarial y sindical para debatir sobre los desafíos que enfrenta Uruguay para volver a crecer. Inversión, productividad, energía, innovación, inteligencia artificial, inserción internacional y distribución fueron algunos de los ejes de un intercambio que partió de una pregunta de fondo: ¿qué necesita el país para cambiar de escala?

Uruguay estuvo entre los 10 o 15 países con mayor PIB per cápita del mundo a comienzos del siglo XX. Hoy se ubica en torno al puesto 60. Esa pérdida de posiciones relativas fue uno de los puntos de partida del encuentro “Crecimiento y desarrollo. Limitaciones y oportunidades”, una nueva instancia del ciclo de charlas organizado por Rumbos, con el apoyo de la Fundación Konrad Adenauer.

La actividad tuvo como eje la presentación del documento “Cambiar de escala. Una agenda de crecimiento y desarrollo para Uruguay”, elaborado por el economista Diego Aboal, y continuó con un intercambio junto a Elisa Facio, Milton Castellano, Agustín Iturralde y Bruno Gili, moderado por Miguel Nogueira.

Entre los asistentes estuvieron Pablo Mieres, Daniel Salinas y Ope Pasquet, además de referentes de distintos ámbitos.

Mirar los elefantes

Para Aboal, Uruguay necesita “desesperadamente buscar escala” si pretende modificar su trayectoria de crecimiento. Uno de los principales desafíos está en la inversión: actualmente representa alrededor del 16% del PIB, un nivel que consideró insuficiente para alcanzar tasas de crecimiento significativamente superiores a las actuales.

“Es imposible pretender tasas de crecimiento más grandes que las que tenemos hoy con una inversión del 16% del PIB. Esto da para renovar el capital que se deprecia y un poquito más”, afirmó.

Según planteó, alcanzar una tasa de inversión del 20% requeriría movilizar unos US$ 3.500 millones adicionales por año. Para avanzar hacia esa escala, señaló la necesidad de salir a buscar grandes inversiones de forma más agresiva y mencionó a China entre las oportunidades.

Pero el desafío, sostuvo, no pasa únicamente por promocionar las fortalezas generales de Uruguay. El país debería desarrollar una cartera concreta de proyectos, con condiciones de inversión, infraestructura, riesgos, cronogramas y retornos claramente definidos.

“El mundo no financia presentaciones de PowerPoint. Financia oportunidades preparadas y rentables”, sintetizó.

Aboal vinculó además el crecimiento con otros desafíos estructurales del país, entre ellos la productividad, la caída de los nacimientos, el envejecimiento poblacional, la educación, la pobreza infantil y las desigualdades territoriales.

Pasar de combustibles fósiles a sintéticos

La exministra de Industria, Energía y Minería Elisa Facio puso el foco en la energía y la innovación como dos áreas en las que Uruguay tiene oportunidades para aumentar la escala de su economía.

“Uruguay podría pasar de ser un país importador de combustibles fósiles a pasar a ser un país exportador de combustibles sintéticos”, sostuvo.

Facio destacó las posibilidades asociadas al hidrógeno verde y los combustibles sintéticos, así como el potencial de extender la infraestructura para aprovechar el gas proveniente de Vaca Muerta. También señaló a la economía del conocimiento y la innovación como espacios con capacidad para atraer inversiones y generar mayor valor.

Crecer también exige ordenar la macro

Agustín Iturralde llevó la discusión hacia las condiciones macroeconómicas necesarias para sostener una estrategia de crecimiento.

La estabilidad institucional, la convivencia política y la previsibilidad son activos importantes de Uruguay, planteó, pero no constituyen por sí solos una estrategia de desarrollo. “No hay chance, no nos va a alcanzar con esto”, sostuvo.

En ese marco, incorporó al debate la situación fiscal, el gasto público y los factores que afectan la competitividad de la economía como dimensiones que también deben formar parte de una agenda de crecimiento.

Crecer, ¿para qué?

Desde otra perspectiva, Milton Castellano planteó que la discusión sobre inversión y productividad debe incorporar también una pregunta sobre la distribución de los resultados del crecimiento.

“Cualquier desarrollo tiene que tener que ver con para qué lo queremos”, señaló.

Castellano puso sobre la mesa la equidad, la inversión pública, el papel de las empresas públicas, la tributación y la inserción internacional, en un escenario global atravesado por importantes transformaciones geopolíticas.

IA: no para achicar puestos, sino para crecer

Bruno Gili centró su intervención en el vínculo entre tecnología, productividad y empleo, y planteó la necesidad de pensar la inteligencia artificial como una herramienta para ampliar las capacidades productivas.

“El lugar más importante donde podemos incorporar la inteligencia artificial es para hacer crecer el negocio, no para achicar puestos de trabajo”, afirmó.

Gili vinculó la transformación tecnológica con la necesidad de capacitación y adaptación permanente, y destacó la importancia de recuperar a la educación como herramienta de movilidad social.

Una discusión sobre el Uruguay de las próximas décadas

El intercambio mostró diferentes miradas sobre el papel del Estado, el mercado, la inversión pública, la tributación y la distribución, pero también puso sobre la mesa desafíos que atraviesan cualquier estrategia de desarrollo: cómo aumentar la inversión, mejorar la productividad, aprovechar las oportunidades tecnológicas y energéticas y generar las condiciones para sostener mayores niveles de crecimiento.

El encuentro forma parte del ciclo de Rumbos orientado a promover el intercambio de perspectivas sobre los principales desafíos de largo plazo del país.

Como sintetizó Aboal al cierre de su intervención: “Tenemos que focalizarnos en los elefantes y discutir menos sobre los mosquitos”.